sinestesia

15 mayo 2009

sinestesia, por Teresa Bernal

Sonidos que se visten de colores,
palabras que inspiran un olor o
poder palpar la música. Suena a
utopía, a proyectos científicos para
un futuro lejano. Pero lo cierto es
que este es el modo en que
perciben el mundo al menos un
2% de las personas…

sinestesia

Es la sinestesia que, en palabras de Juan Lupiáñez, investigador del grupo neurociencia de la Universidad de Granada,
“No se trata de ningún trastorno sino de una forma diferente de percibir la realidad”.
En los sinestésicos los sentidos se fusionan y lo que para la gente “corriente” es una sencilla conversación, o el solo hecho de leer un texto evoca para ellos todo un festival de colores, asocian formas a un sonido y son capaces de identificar sonidos que el resto de nosotros no alcanzamos a percibir. Existen hasta 50 clases distintas de sinestesia.
Esta sensibilidad especial lleva a muchas de estas personas a destacar en el ámbito de la música y de las artes. Así poetas simbolistas como el francés Arthur Rimbaud o los modernistas españoles como Rubén Darío o Juan Ramón Jimenez. O Kandisnky, precursor del arte abstracto al que cada nota le evocaba un color.
Otra de las ventajas con las que cuentan los sinéstesicos es su gran capacidad para memorizar y aprender idiomas. Aunque, por el contrario, tienden a padecer dificultades con la aritmética y para diferenciar la derecha de la izquierda.
Además están expuestos a sufrir problemas de incomprensión y aislamiento social si se dan cuenta de que su concepción de las cosas es “rara” respecto a de la generalidad de quienes le rodean. Razones de peso, según nos cuenta Mª José de Córdoba, miembro de la Fundación Artecitta, para que estas personas una vez diagnosticadas, reciban desde la infancia una atención personalizada en su educación, algo que no suele cumplirse en parte debido al gran desconocimiento sobre la materia.
No se conocen exactamente cuáles son los motivos de esta peculiaridad, sin embargo, una posible explicación sería que todos nosotros al nacer somos sinestésicos, es decir, en nuestros primeros años de vida, mezclamos las percepciones y, a medida que el sistema nervioso madura, se van estableciendo los límites entre unos sentidos y otros. Fronteras que, en algunas personas, por causas desconocidas, no se fijan nunca.
Lo que sí que se sabe es que padecer sinestesia no significa una mayor predisposición a padecer ningún tipo de patología mental. Según las estadísticas, se trata de algo mucho más frecuente de lo que se pensaba y afecta a más mujeres que a hombres, lo que lleva a algunos especialistas a considerar si podría tener algún tipo de relación con el cromosoma X.
Otra característica es que dura toda la vida, aún en el caso de llegar a padecer ceguera, el sinestésico continuaría percibiendo esas formas y colores asociados a su mundo.
Los investigadores apuntan a que todas las personas en cierta medida experimentamos la sinestesia, de ahí que en algún momento mezclemos sentidos para definir conceptos como un “color chillón”, o un “comentario
ácido” y lo entendemos.
Incluso se estudia que, mediante hipnosis, es posible despertar esa “conversación entre sentidos” en personas habitualmente no sinestésicas.
Lo que sí podemos comprobar cualquiera de nosotros es que, el carácter esencial de la música, por ejemplo, es despertar sentimientos en nosotros, “llegar al corazón”. En este punto, cabría preguntarse, ¿Son las imágenes mentales formadas en tales situaciones frutos de la sinestesia, o sólo imaginación eidética?
¿Cuál es la diferencia? Hay quien va más allá y sostiene que en la sinestesia podría estar la clave del desarrollo del lenguaje, pues hay palabras cuya raíz es similar en casi todas las lenguas. Ello ocurre con la palabra
“madre”. Tal vez explicaría el por qué de los nombres que le hemos dado a muchas palabras.
Todavía más lejos. ¿Es posible que lo que llamamos instinto de los animales se explique a través de la sinestesia? Expertos barajan la posibilidad de que las aves, especialmente en el caso de las migratorias, puedan ser capaces de “ver” las líneas magnéticas del planeta como patrones de color o luz que se sobreponen sobre sus alrededores visuales y que, de este modo, sea cómo se guían en sus desplazamientos. |

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