blade runner: poética distópica

25 abril 2009

retrospectiva | blade runner: poética distópica | por Carlos Zúmer

Dicen que Riddley Scott (Inglaterra, 1937) filmó Los Duelistas (1977), Alien (1979) y
Blade Runner (1982) y se fue a dormir. Que alguien le secuestró o le poseyó, y que él no es el autor del resto de su filmografía. Que hubo un desafortunado antes y después. Que lo abducieron.

Sea como fuere, y bromas aparte, el director británico cuenta con vehementes admiradores y encendidos detractores en proporción prácticamente similar. Casi ventisiete años contemplan ya a su probablemente mayor y más celebrada cinta, Blade Runner, una película de auténtico culto ignorada en su tiempo y que se agiganta magníficamente con el paso de los años.

Empecemos por el principio. Los nuevos cineastas de los años 60 y 70 traerían la necesaria renovación al cine, que empezaba a cohabitar con cierta dificultad con la incipiente televisión. Coppola, Scorsese o Allen son buena prueba de ello.

Estos directores catalizarán el profundo desasosiego y desengaño de la América bajo el síndrome Vietnam. En paralelo maduraba el género de Ciencia Ficción, heredero de la mítica serie B. 2001: una Odisea en el espacio (1968, Stanley Kubrick) es el primer cimiento del género en el camino hacia su madurez y su asentamiento; la exitosa trilogía Star Wars (1977, 1980, 1983; George Lucas) demostró la rentabilidad de este tipo de cine y lo elevó a la categoría de fenómeno de masas, poniendo de relieve su interesante sentido mercadotécnico; por último, Alien y Blade Runner conquistarían a la crítica cinematográfica ganando así el respeto unánime por el Sci-Fi. Otras películas, como E.T., Encuentros en la Tercera Fase, Star Trek o Terminator, rubricarían estos logros.

Blade Runner está (muy) libremente basada en la novela de Philip K. Dick
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Si algo caracteriza a este autor es su constante fabulación sobre nuestro mundo y los mundos futuros, de cómo podrían ser según diferentes anomalías o hechos y de cómo serán las cosas en tiempos próximos. Blade Runner se ambienta en el futuro; concretamente, Los Ángeles en el año 2019, en un futuro gris, sombrío y descarnado. Fríamente tecnológico. La estética de la película es rotundamente cyberpunk: neón, electrónica, sombras, ciencia y decadencia humana. Todo esto encaja con la concepción de distopía, concepto contrario al de utopía, que dibuja sociedades futuras degeneradas y negativas, de todo menos idílicas. Este es el escenario de Blade Runner.

Como cualquier películas de ciencia ficción que se precie, el progreso tecnológico es superlativo. El hombre ha desarrollado la máquina y la ha perfeccionado hasta niveles sublimes. Tanto es así que es capaz de rebelarse y de resultar una amenaza. El punto de partida de Blade Runner camina en este sentido: 6 de los denominados REPLICANTES, robots humanoides altamente perfeccionados, son peligrosos proscritos que han de ser eliminados, ‘retirados’, según la eufemística de las instituciones. Los encargados de esta caza y captura son los Blade Runners, policías entrenados y adiestrados para ese trabajo. Deckard (Harrison Ford) es uno de ellos y es el protagonista de la película. Deckard, ya retirado del oficio, aceptará a regañadientes la misión.

El contenido filosófico de Blade Runner es realmente notable. Sus implicaciones y reflexiones son capitales en el pensamiento postmoderno y se enraízan fuertemente en el pensamiento clásico. Blade Runner no es solo una película enormemente fascinante a la vista, por sus escenarios, su fotografía, su apabullante producción, los aparatos y demás gadgets, sino que además ofrece enorme lirismo y hondo trasfondo al espectador. Blade Runner trasciendo mucho más allá de la hermosa estampa que es.

Queda dramatizado el conflicto trágico entre criatura y creador, la violencia y la fricción entre el dominante y el dominado. Queda dramatizado la hipoteca vital que es el tiempo, que acota la existencia inexorablemente dentro de límites crueles.
Y será este el anhelo de los replicantes: burlar su tara de fabricación, que limita su vida a sólo 6 años. Queda dramatizada la pérdida del paraíso perdido, de color verde, en favor del paisaje metálico y en favor del artificio, que fagocita lo humano y lo carnal. Blade Runner es el edificio de la sempiterna obra de la civilización humana:
el desprecio de lo moral y lo afectivo en aras del determinado progreso.

Blade Runner está henchida de melancolía y fracaso, de una fascinante estética cómic y de cine negro que congracian al espectador con la desesperanza de sus personajes, torcidos, vencidos, grotescos.
La película fue un fracaso de taquilla, entre otras razones, por su coincidencia en fecha de exhibición con E.T. el Extraterrestre.

Fue, sin embargo, el lanzamiento de la Director’s Cut en 1992 (con importantes modificaciones, como la eliminación del narrador en 1º persona o la inclusión o
de algunas escenas relevantes) la que potenció exponencialmente la popularidad y el prestigio de la película. Blade Runner volvió a los cines. Blade Runner se puso de moda a principios de los 90. Blade Runner comenzó a ser alabada por la crítica y idolatrada por los fanáticos del género de ciencia ficción. Eran los inicios del cine en casa, de los videoclubes, de la consolidación del fenómeno blockbuster y del coleccionismo cinéfilo. Por todo ello no tardarían en surgir las voces que reclamaban una versión más especial y más freak que el ‘simple’ VHS o láser disc, la respuesta a los sueños húmedos de los coleccionistas y los geeks, una edición a la altura del fenómeno.

Largo tiempo tendrían que esperar los amantes de Blade Runner hasta este momento. El asunto se retrasó hasta nada menos que Diciembre de 2007 (coincidiendo con el 25º aniversario), cuando por fin vio la luz Blade Runner: The Ultimate Collection, una espectacular edición de 5 DVD’s (con documentales y todas las versiones de la película, incluida la última y finalísima directa y personalmente supervisado por Ridley Scott), miniaturas, fotos, etc, todo presentado en un flamante maletín metálico. También se lanzaron a la vez versiones más humildes y terrenales pero ésta fue y es la joya de la corona.

No puedo cerrar este artículo sin mencionar a Vangelis y la brillantísima Banda Sonora Original que firmaron para la película. Si el lector no sabe de qué hablo y/o nunca la ha escuchado, que corra inmediatamente a oírla sin pérdida de tiempo. No cabe mejor acompañamiento musical para el largometraje. Sin Vangelis, Blade Runner no sería Blade Runner ni por asomo.

Sintetizadores, percusiones, efectos electrónicos y voces y coros hipnóticos para ilustrar la derrota humana y el paisaje tecnológico oxidado. Por supuesto, si el lector tampoco ha visto la película, también se la recomendamos decididamente. Blade Runner es, unánimemente, de lo mejor de Ridley Scott. Todo un referente que, como ocurre con su director, no tolera afectos medianos: o la amas o la odias con pasión.

¿Es Deckard un replicante?

Es la gran incógnita que quita el sueño a los seguidores de Blade Runner. Y la respuesta no es sencilla. El hecho de que existan varias versiones de la película (con diferencias sustanciales entre ellas) no facilita resolver el misterio. Las declaraciones de Ridley Scott y de miembros del reparto, tampoco. El final de Blade Runner es deliberadamente ambiguo pero se supone que en la película existen las suficientes claves (sutiles la mayoría) para descubrirlo. En Internet existe un intenso debate en torno a esta cuestión y no hay ni mucho menos unanimidad ni consenso. Aun así, como decimos, se ha tratado de mantener viva la bruma del asunto para alimentar la leyenda de Blade Runner. |

Extracto del PDF redmensual.com Abril 2009

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